Parte del crecimiento y desarrollo humano, se dirime en un delicado equilibrio entre estas dos palabras, que suelen interpretarse como antagónicas:
Oportunidad y Riesgo.
El resultado del balance de las dos caras de la moneda, determinará la decisión de accionar o no, en un contexto individual o colectivo.
De manera permanente estamos valorizando los pros y los contras de ir o no ir por determinado camino. Dependiendo la personalidad del individuo y la cultura imperante, tendremos una tendencia más marcada, por hacer valer más los peligros o la conveniencia.
Sin dudar, se puede decir que toda acción tiene uno o varios riesgos asociados. Un proyecto determinado, que puede ser simplificado a un conjunto de acciones concatenadas, con asignación de recursos, conlleva un cúmulo de incertidumbres incorporadas.
Las disciplinas económicas y financieras, han ideado herramientas bastantes precisas, para que, partiendo de un marco de referencia, los proyectos pueden ser aprobados o desestimados en función de ciertas ratios, que miden la oportunidad de recuperar o no el dinero, vale decir, verifican que el plan produzca beneficios para los aportantes del capital. Los sistemas se complementan con una gestión del riesgo, en forma de un mapeo general de las actividades, la probabilidad y la fuerza del impacto de los peligros detectados.
Basándome en el último punto, los sistemas de evaluación del tipo “risk management” han crecido exponencialmente en la operación de las empresas, como un mecanismo de prevenir y mitigar las contingencias negativas.
En el otro sentido, para compensar lo anterior, se han desarrollado sistemas de trabajo por objetivos, que tratan de alinear la organización hacia la concreción de logros, considerados estratégicos para la creación de valor.
El área donde confluyen de manera más dinámica y cambiante, oportunidades y riesgos, se denomina Innovación, con todas sus variantes asociadas: de proceso, de producto, disruptiva, de servicios, de estructura, de cadena de valor, sólo por citar las más comunes.
Formal o informalmente, las organizaciones humanas contrastan las posibilidades con los escollos , para poner a rodar o no los procesos, que les permitirán alcanzar nuevas instancias. Existe un condimento emocional y coyunturas generales, que colaboran para mostrarse más receptivos a aceptar los riesgos y gestionarlos; asimismo, organizaciones más conservadoras ponen mayor foco en los riesgos, mientras que otras, más innovadoras, lo hacen en las oportunidades.
En varios órdenes, dentro del plano personal, las acciones se disparan impregnadas de componentes más sensibles, que exceden lo racional, económico o medible, sin un análisis pormenorizado de los riesgos: elegimos una pareja por el amor que profesamos, nos sentimos atraídos por vivir en determinado lugar y lo hacemos, compramos un vehículo por el color y la forma, descuidando las prestaciones. Lo que está asociado a la intimidad, lo vinculamos a esa búsqueda natural de sentirnos contenidos y felices. Con el propósito de buscar el sustento para mantenernos, es probable que nuestra pretensión sea la de aprovechar al máximo nuestros recursos; entonces buscamos y conservamos un trabajo donde confluya de la manera más armoniosa posible: un buen ambiente laboral, crecimiento, aprendizaje, tareas y responsabilidad, reconocimiento y una retribución acorde.
Habiendo descripto, según mi punto de vista, lo que nos lleva a movernos, luego de sopesar el debe y el haber.
A la hora de encarar algo,
¿Cotiza más la oportunidad o el riesgo?
Algunos tips, que me guían como cuasi verdades y que no necesariamente tienen que ser las tuyas:
La oportunidad es un faro luminoso, cuyo energía es mi actitud.
El riesgo puede ser resumido, a la posibilidad que se acabe esa energía.
El tiempo para llegar al faro dependerá de mi capacidad individual y a la capacidad de los socios a los cuales les resulte atractivo sumarse al trayecto.
De esto último se desprende de qué sumar compañía minimiza los riesgos, por el simple hecho de maximizar las oportunidades.
Una frase que resume lo expuesto:
El desarrollo viene de la mano, de aquellos que valoran la posibilidad de tomar riesgos, para ir tras el sueño de una oportunidad. De eso se trata emprender.
¿Qué diferencia un proceso exitoso de otro que no lo es?
Algunas pistas:
Actitud para superar las dificultades.
Constancia para reexaminar las decisiones.
Compromiso.
Objetivos simples y comprensibles, tanto en lo personal y como en lo colectivo.
Planificación, pero con flexibilidad.
De esos cinco, los tres primeros tienen un fuerte condimento de estados de ánimo.
Los dos últimos resultan más ligado a la objetividad.
Para finalizar una sentencia de un científico, que no sólo creo la teoría de la relatividad.

Gracias por tomarte el riesgo de leerme nuevamente !