Llegar a casa de noche, en plena período invernal, y encontrarse sin suministro eléctrico, nada de calefacción, sin saber dónde están las luces de emergencia, puede resultar muy desagradable por cierto.
Venir manejando cansado del trabajo, y sin más, pinchar una cubierta del automóvil, con necesidad de estacionar esquivando el tráfico, es otra situación para ponerse de mal humor.
Olvidar prender las luces en una ruta de Córdoba, y ver la cara sonriente del policía de la Caminera, diciéndonos: por favor hágase a un costado, y en el mismo acto darnos cuenta de que vamos a ser multados, nos deja un sabor amargo.
Quién de nosotros no ha vivido algunas de estas circunstancias?
La lista puede ser innumerable, combinando distintos grados de probabilidad y severidad, pasando desde situaciones con mínimas consecuencias, a eventos con efectos casi devastadores, en una gama de colores y claroscuros semejando una paleta de pintor.
Algunos estiman propicio opinar que nuestras vidas se asemejan a una sucesión de eventos no esperados.
No voy a situarme en juez de opiniones personales sobre como vemos la existencia cada uno de nosotros. Nuestros filtros mentales y paradigmas, que dan un marco a nuestra capacidad de observación y de interpretación de los que nos sucede, son muy personales y particulares. Invierto parte de mi tiempo en llevar a cabo acciones para amplificar mi apertura mental, para dotar a mi observador de renovadas anteojeras. A veces tengo éxito, otras tantas no.
Aceptando que aún en el escenario más planificado, puedan colarse hechos que no estaban previstos y por tanto no dispongo de inmediato de las acciones para contrarrestarlos de manera fácil y efectiva, les comparto algunos conceptos que nos pueden resultar de utilidad:
- Si lo que sucede o sucedió no lo puedo cambiar, si puedo morigerar el impacto emocional que se produce en mí. Un estado de ánimo positivo puede transformar un quiebre personal en una oportunidad.
- No puedo elegir los circunstancias, pero si puedo decidir cuál es mi actitud ante las mismas. Los hechos muchas veces no nos pertenecen pero si como afrontarlos.
- Nuestra red de compromisos y relaciones formales e informales nos pueden ayudar a sobrellevar hechos negativos e incluso positivos, para que los mismos sólo nos desequilibren de manera transiente y no permanente.
- En el ejercicio de asistir a otras a sobrellevar situaciones imprevistas o penosas, aprendemos de alguna manera a sortear las propias.
- Los éxitos y los fracasos son situaciones bastante pasajeras, dentro de un plan trazado, no son el mapa que nos guía, ni mucho menos somos nosotros y el sentido de nuestras vidas.
- Enojarse, alegrarse o emocionarse de alguna forma con lo que nos pasa, es parte de nuestra condición humana, lo que nos eleva es el grado de conciencia que podemos poner, para equilibrar otra vez nuestro devenir.
- Podemos confiar en nuestras capacidades, relacionando eventos del pasado, con nuestro presente para buscar allí las vías de solución para proyectar el futuro.
- Indagar acerca de las causas raíces de sucesos imprevistos repetitivos y negativos; si los mismos son reiterados ya no pueden ser catalogados como fortuitos o casuales.
No hay recetas, sólo decisiones tomadas que serán más o menos certeras dependiendo de nuestra posibilidad de ser perseverantes, protagonistas, conservando buena onda para los sucesos no pronosticados, que nos producen bajones, desánimo o una euforia desmedida.
La pregunta de cajón es:
Qué haces con lo que no esperas?
Como en el tenis, los puntos de quiebre se ganan desde la convicción y templanza más que desde el juego.
No debemos perder de vista que algo para lo cual no estamos expectantes nos puede cambiar la vida para bien, y que asimismo tenemos que aprender a vivir con ello.
Reconocer que no se puede controlar todo y todo el tiempo, nos aleja de la fantasía de la existencia perfecta y sin problemas.
Para culminar les regalo dos pensamientos que no me pertenecen:
El camino que nos toca recorrer está lleno de sorpresas. Nunca vas a estar preparado para las que te toquen a ti, sean dichosas o sombrías, pues eso es parte de adquirir experiencia. Y descubrir cuán gratas o desafortunadas son las que te esperan, es algo nunca podrás evadir
Cuando el navegante comienza el viaje, prepara su barco, estudia su ruta, planea su itinerario y zarpa; no puede hacer nada más. No puede saber qué tormentas lo azotarán, ni si ha de regresar. Pero zarpa.