El currículo profesional con el que fui entrenado como ingeniero en la década del 90 resultó escaso en trabajos grupales. Recuerdo sólo algunas actividades prácticas con posibilidad de hacerlas en conjunto; además y ya sobre el final la tesis se encaraba de a pares. Por lo que puedo apreciar en la actualidad, existe cada vez más propensión a incluir una mayor cantidad de tareas de equipo.
Está claro que demostrar conocimiento y habilidades adquiridas como condición para acceder al título de grado de ingeniero, era una cuestión personal y no colectiva.
Una vez recibido y enfrentado a la vida laboral plena y activa, desempeñando distintos roles en una organización, la ecuación cambió radicalmente ya que independientemente de la jerarquía concebida desde el esquema tradicional y la calificación individual, la realización de los trabajos y la consecución de objetivos, tenía más que ver con una gran dosis de trabajo agrupado, en equipos multidisciplinarios, alineados en torno a un proyecto general, aportando cada uno desde su concepción y su experiencia.
Este último apartado resulta sencillo de distinguir y digerir luego de varios años de profesión, pero no resulta fácil esta adaptación interna a la hora de gestionar nuestros egos, para comprender que el desempeño individual tiene un gran componente asociado a lo que nosotros aportemos al buen trabajo de otros, a cuánto menos lo entorpezcamos, a lo que estemos dispuestos a escuchar y a dar en un servicio de calidad. El proceso de desarrollar estas competencias demora más o menos tiempo, dependiendo de nuestra estructura emocional y de pensamiento. Requiere desarrollar abiertamente en nuestro devenir diario la conciencia de Comunidad, y por supuesto de Libertad.
Un maestro, Israel Cinman, nos dice: la libertad no se vive sola. Yo lo traduzco de la siguiente manera: nuestras elecciones o decisiones, que son básicamente la manera de ejercer la libertad, en general afectan en menor o mayor medida a otras personas. Por lo tanto el libre albedrío ya nos vincula de por sí con nuestros semejantes, por lo que raras veces en nuestro trabajo podemos hablar de acciones sin efectos en otros compañeros o grupos de personas.
Por ello es que para armonizar un equipo de trabajo, potenciando las actitudes y aptitudes de cada uno de los integrantes, hay que definir valores guías compartidos, cuestiones indiscutidas y aceptadas por todos, donde no haya espacio para rehuir; se me ocurren: compromiso, responsabilidad, aceptación, y reconocimiento del otro como un auténtico otro.
El camino del profesional con poca experiencia, recién graduado, arranca con una dosis más elevada de soledad, como cuando nos pasábamos las noches estudiando para rendir un examen; de ahí en más se torna más fructífero y menos tortuoso el camino, en la medida que trabajemos de manera más comunitaria y participativa posible.
Las organizaciones basan una parte de su éxito en la instauración de una cultura global e inclusiva de sus miembros integrantes, a través de acciones concretas en pos de guiarlos hacia el concepto de trabajo solidario y por objetivos comunes.
Cada vez y en cualquier circunstancia son muy pocas las cosas que podemos llevar a cabo solos.
Si en este momento quisiera hacer un arqueo de las mismas, les seguro que la lista es bastante exigua.
La tecnología facilita que podamos resolver muchas cuestiones trabajando de manera mancomunada.
Las estructuras organizacionales del tipo que sean, tienen una marcada tendencia a reconocer la labor de conjunto por sobre la individual, debido a que los resultados que se obtienen son más sustentables y reproducibles, ya que nacen y se fortalecen con las vivencias de muchas y disímiles personas.
Por supuesto que existe trabajo individual dentro de un equipo, ya que de no ser así la cuestión no fluye, pero la visión de conjunto, es decir adonde queremos llegar, potencia a las personas y les otorga sentido de pertenencia.
El bocallave de hoy nos muestra dentro de la habitación, un sinfín de posibilidades para equilibrar nuestras acciones individuales y expectativas dentro de un colectivo o equipo. De un buen balance no sólo depende nuestro éxito, sino el logro de una Comunidad de personas.
No puedo actuar pensando sólo en mí, sino generando la empatía necesaria para que la energía alcance al seno del conjunto de personas alineadas para un proyecto común.
Llegado a este punto aprovecho para preguntarnos:
Cómo gestiono mi individualidad en el seno del Equipo?
Yo tengo mi respuesta, que de alguna forma ya la fui desgranando dentro de mis pensamientos y opiniones vertidas.
Me resulta más divertido trabajar en equipo porque es un aliciente para el buen clima y humor, siendo este ambiente el más propicio para la multiplicación de los talentos y habilidades, en todos los órdenes.
Vale aclarar, como ocurre en muchas circunstancias, que las recetas no son transferibles, porque dependen del contexto, del tipo de equipo, de la organización asociada, entre otras cosas.
Para no dramatizar, es útil destacar que manejarse en la transparencia de pensar incluyendo al otro, nos permite asimilar los matices que cada desafío plantea, como para no arrancar de cero.
Para culminar esta breve y pretendida manera de hacernos reflexionar, les dejo una frase:
En muchas situaciones uno no llega más lejos que lo que sus vínculos y relaciones se lo permiten.
Una dosis de Individualidad, muchas más dosis de Comunidad y Equipo…..
Aseguran el resultado deseado?
INTERESANTE ENTRADA. UN SALUDO
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