En aquellos viajes de verano a las sierras, era bastante común pasar por el paredón del Dique San Roque; varias ocasiones, de acuerdo al nivel del lago, asomaban visibles los restos del murallón que ideara el Ing. Carlos Cassaffousth, quien sufrió allá por los años de 1890, la acusación de que su construcción no resistiría la creciente del Río Suquía. Tanto él como Bialet Massé , fueron acusados de malversación de fondos, sometidos al escarnio social, puestos en prisión, siendo finalmente dejados en libertad algún tiempo después.
De la obra de ingeniería de la represa más grande del mundo (en su tiempo), diría el ingeniero Gustave Eiffel:
Dos obras llaman la atención del mundo en este momento, mi torre y el dique de Córdoba; con la diferencia que este es productivo y mi torre no.
El murallón de 115 metros de longitud y 37 metros de altura fue dinamitado en varias ocasiones, pero no pudo ser destruido, dando lugar a la construcción del paredón más moderno por el que la mayoría hemos transitado rumbo a otros destinos.

Siento admiración por los visionarios y creadores. La historia del infortunado ingeniero se representaba en mi mente, toda vez que veía aflorando del agua los restos inmortales de su creación.
Durante mi adolescencia , Ramón mi padre, mantenía a menudo conversaciones conmigo acerca de cuál sería la profesión que yo elegiría para estudiar. De origen campesino, Ramón fue el menor de ocho hermanos, siendo la mayor María la única mujer. Dos de sus hermanitos, Guillermo y Emilio, con apenas ocho y nueve años de edad, fallecieron producto de una infección bacteriana, para la cual no hubo cura. En aquella época, casi llegando al 1900, la penicilina no había sido descubierta. Aún recuerdo la tristeza de papá, cuando recordaba el sufrimiento de su madre ante la pérdida simultánea de dos de sus hijos, en menos de quince días. La evocación del relato de dónde y cómo habían contraído la enfermedad, más algunos detalles del desenlace final, aún hoy me producen escalofríos.
Ramón siendo el menor de los ocho tuvo la suerte de estudiar en la Universidad Nacional de Córdoba, para recibirse de Contador Público después de varios años de cursado y estudio; ya estaba casado con mi mamá Ana y había nacido su primera hija, mi hermana Claudia. Su carrera fue azarosa, ya que desde joven hubo de trabajar para mantenerse y como a menudo manifestaba, poder devolver todo lo que sus hermanos habían hecho por él. Apodado el Pato, se encargaba de solventar los estudios de sus sobrinos y sobrinas, como gratitud por no haber seguido el duro trabajo del campo, para trabajar primero como administrativo y profesional contable después.
Los charlas que manteníamos con mi padre sobre cuál sería mi futuro toda vez finalizados mis estudios secundarios, me mostraban firme en mi postura de estudiar Ingeniería, por eso que ya he contado en reseñas anteriores , me gustaba la Química, no tanto de Laboratorio, pero sí la aplicada. Se sumaba por supuesto, la crónica del Ingeniero Cassaffousth, además de que escribiendo esto, caigo en la cuenta que quizás de manera subconsciente, las bacterias que acabaron con la vida de dos de mis tíos, fueron otra fundamento para que yo optará por ser Ingeniero. Mi padre, me recomendaba estudiar abogacía y ciencias económicas, reconociendo la facilidad y aplicación que tenía para aprender.
Respetuoso de las resoluciones de sus hijos, luego de concluir mi servicio militar como paracaidista, comencé mis estudios de Ingeniería Química, en el año 1987. Ramón dejaría esta vida en el trancurso de 1990, sin poder ver a su hijo Marcelo recibido de Ingeniero Químico algunos años después.
Las decisiones que tomamos en nuestras vidas entrelazan análisis conscientes, aunque es muy probable que se encuentren hechos subyacentes, que esten allí de manera semiconsciente, para secundarnos de alguna manera, como manos invisibles que nos guían.
Celebramos el 16 de junio el día del Ingeniero, aquella profesión que promueve el ingenio sobre las bases científicas de la física, la química, la matemática, los materiales, la electricidad, la electrónica, la informática, las redes de comunicación, la agronomía, la energía y tantas y variadas disciplinas más, que sorprenden por su amplia gama. Ramas derivadas de la primera de todas, que fue la Ingeniería aplicada en el campo militar.
La desdichada historia del genio del paredón que nunca cayó, nos vincula con el desafío de la visión del ingenio puesto al servicio de……
Por este bocallave miramos al interior del talento y la agudeza que generaron las grandes transformaciones sociales, productivas, humanas, y descubrimos que allí está presente el ingenio y la lucidez de los que promueven, alejados del egoísmo y del individualismo, despojados de la necesidad del reconocimiento o de la broncemia.
En esta celebración de la idea hecha realidad y representada por los grandes avances tecnológicos, resulta cada vez más imperioso volver a la fuente del que visiona con su ingenio un mundo inclusivo, pensando en el presente pero con la mirada puesta en el futuro.
Aún hoy encontramos barreras de todo tipo y obstáculos para proveer de agua potable, servicios sanitarios, y otros suministros básicos a gran cantidad de habitantes de este mundo. Creo, sin conocerlo, la idea central del Ingeniero que creo el muro para embalsar agua, era beneficiar a todos y propender al bienestar común.
Es por ello que apelando al genio que llevamos dentro, te pregunto y me pregunto:
Qué estás haciendo?
Dónde, cómo o con qué estás poniendo tu ingenio para los demás?
Celebrar nos lleva a compartir, y compartir nos lleva a dar.
Festejemos que aún nos queda INGENIO.
El mismo del murallón cuestionado.
La visión actual de lo que aún no existe…..
Pero que seguro existirá…..