Hace dos años, más o menos, en una conversación de posibilidad, Eugenia mi esposa, me decía:
Tengo que aprender a manejar.
Seguro, es sumamente necesario.
Pero no tengo auto.
Podes aprender con un instructor o instructora. Me hablaron de una mujer que pone su auto y enseña a otras mujeres. Si va todo bien después compramos el vehículo.
Bueno….
Así es como Eugenia decidió empezar a entrenar sus habilidades de conducción. Llevó a cabo al menos unas quince clases, en un automóvil sin doble comando que ella manejaba, y donde su entrenadora iba a su lado, diciéndole en teoría lo que debía hacer y cómo.
En la clase número diez, más o menos, se me ocurrió preguntarle cómo marchaba:
Y que tal la profe y vos como te sentís?
La verdad no sé muy bien, manejo por todo Rio Cuarto, y además de instruirme, charlamos bastante, de muchos y variados temas . La realidad es que la pasamos bien juntas, más allá de que manejo bastante nerviosa. En momentos claves me reta o me alienta y a mi sirve.
Entonces vas a seguir?
No sé, capaz unas clases más, pero no me siento bien manejando. Me parece que sé pero no tanto, me siento insegura.
Para mis adentros pensaba, bueno esto llego hasta acá y para ser honesto dudaba de la continuidad del proceso.
La cuestión de que ella aprendiera definitivamente a conducir era clave para el desarrollo familiar, dadas las actividades de mis hijas y de ella en la ciudad de Rio Cuarto, que dista unos kms por ruta desde donde vivimos.
Yendo en esa línea, en una charla de sobremesa, cercano a su fecha de cumpleaños:
Eugenia, compremos el automóvil y vemos, si no te animas del todo lo vendemos.
Bueno dale.
Así fue que apareció su vehículo, y permaneció guardado unos días, hasta que ella se animó a ir conmigo a su lado, hasta el pueblo de Santa Catalina, Holmberg, distante a unos 2 kms por ruta.
Los viajes eran para realizar compras necesarias para el día a día.
Ella sufría bastante esos periplos, porque yo no era Graciela y se me notaba algo tenso a su lado; sobre todo cuando necesitaba rebajar cambios para pasar de la ruta al pueblo y viceversa. No le salían bien esas maniobras; se irritaba viendo como me aferraba con mis manos al asiento del acompañante.
Otro evento complicado era cuando había que trepar la rampa de casa, justificando que no lo hiciera del todo bien producto de que: cuando me enseñó Graciela no maneje en ninguna subida….
Poner el freno de mano, sacarlo, acelerar, soltar el embrague, etc, etc, resultaba muy díficil y estresante para ella.
El devenir de la situación derivó en que llegaron las vacaciones de verano 2018, y el vehículo quedó en la cochera, durante 45 días sin ser tocado.
Próximo paso, acabado el receso, era ir y volver a Rio Cuarto, al principio en mi compañía. Lo hicimos en repetidas ocasiones, con un grado creciente de soltura. Un día, volviendo del trabajo, ingreso a casa, no estaba ningún integrante de la familia y además no había móvil en la cochera. Llamó al celular y me atiende una de mis hijas diciendo:
Papi estamos yendo a Rio Cuarto con Mami, no te preocupes está todo bien.
Chan, chan…..
De esta manera sucedió que Eugenia pasó de principiante a aprendiz. En la actualidad ella se define a sí mismo como una aprendiz de avanzada.
Me falta mucho, complementa.
En mi caso personal viré del descreimiento inicial (hoy reconozco que infundado y equivocado), a la confianza en ella. Se suma mi admiración por su temple, porque varias personas que conocen la vía que ella transita la ven sumamente peligrosa, incluyendo que varios no se animan a hacerla.
Por otro lado, el proceso que Eugenia llevo a cabo, tiene varios de los matices del camino del neófito:
Fuerza de voluntad inicial, empuje, confianza en sus propias capacidades, valles de desazón, picos de euforia, habilidades que resultan fáciles de absorber, otras no tanto, y mucho mejunje emocional para seguir en la acción, dando autoridad a sus maestros, pero por sobre todas las cosas , viviendo y sintiendo la necesidad de alcanzar el objetivo.
Compromiso y responsabilidad complementan el panorama. Son sumamente necesarios como casi siempre.
Yo agregaría que la urgente necesidad de llevar a cabo las cosas, su voluntad como madre de satisfacer necesidades de sus hijas, fueron condimentos que apuntalaron el desarrollo en este caso.
Cada proceso de formación, llevado a cabo para salir de la zona de ignorancia, es único e irrepetible en las personas. Es común y se dió en este caso, que observemos el camino que está transitando el novicio desde nuestra propia óptica, perdiendo de vista las metas que esa persona va alcanzando a su propia y singular manera.
Por este ojito de cerradura te invito a que identifiques cuál es tu mecanismo para pasar a la acción y expandir el horizonte de posibilidades.
Poner la confianza en vos mismo y en los demás para llegar a algún lugar nuevo, sólo o con un equipo de trabajo, no obstante el objetivo parezca pequeño, resulta vital para que el resto se nutra de esa certidumbre y pueda accionar.
Los picos, valles y mesetas están allí para ser transitados. El derrotero te pone cada tanto en una avenida rápida sin tanto tráfico, donde nos resulta fácil conducirnos; en otras tantas ocasiones nos toca una calle pequeña, con peatones que se cruzan por el medio de la misma para cambiar de vereda, sumando vehículos estacionados en doble fila.
Por esto me pregunto y te pregunto:
Qué y cómo estás accionando últimamente?
Que estás aprendiendo como nuevo dentro del proceso de aprender?
Eugenia mostró una faceta que al menos yo no registraba tan claramente.
Cuánto más potencial hay en cada uno de nosotros, esperando allí para salir como energía cinética?
Terminando de escribir se me ocurre traer una frase que no me pertenece:
La acción más pequeña es mejor que la intención más grande.
Excelente semana …..
Luz, Cámara y Acción.