Hoy, 17 de marzo se cumple otro aniversario del nacimiento del Pato, mi Papá. Esta publicación número cuarenta y nueve, como mis años vividos, y transitando mis cincuenta, me mueve a celebrar su vida, sintiendo de manera profunda su presencia aquí en mi corazón.
Ramón enseñaba mucho con el ejemplo, no abundaba en palabras. Equilibraba bastante bien la coherencia del pensar, decir y hacer.
Recuerdo claramente una conversación particular con mi Mamá Ana. De las tantas que se daban de noche después de cena, mientras compartían el lavado de la vajilla.
Ana: Cómo te fue hoy en el estudio? (mi Papá era contador)
Ramón: Bien por un lado, mal por otro.
Ana: Bien por qué?
Ramón: Vino el dueño del vivero y quiere que hagamos la presentación de una sociedad nueva.
Ana: Está creciendo esa gente.
Ramón: Si bastante.
Ana: Los chicos bien, el Marcelo (yo estaba escuchando atento) tiene que llevar algo para la feria de ciencias.
Ramón: y que va a llevar?
Ana: El quiere hacer un bosque químico.
Ramón: Qué es eso?
Ana: Lo hace con un grupo de compañeros pero la idea es de él, después te cuenta.
Ramón: Ah….
Ana: Vos estás bien?
Ramón: Bueno, lo malo……. (mientras secaba los platos) es que tuve que decir a un cliente que no puedo seguir siendo su contador. Bah, no es malo, para mi es bueno. Trate de hacerlo sin generar problemas.
Ana: Cuál cliente?
Ramón: El del café grande ese de la calle Rioja.
Ana: No tienen tiempo con Bojanich? (socio de mi papá en el estudio).
Ramón: No es que nos pidió algo que excede nuestra ética profesional, largo de contar, pero con el flaco estamos tranquilos con la decisión. Lo hablé yo porque él no se animaba. Sabíamos que el no a esa maniobra, que pone en riesgo nuestro prestigio, necesariamente terminaba la relación con el cliente, pero bueno preferimos hacerlo así.
Ana: No puedo opinar sobre el hecho, pero si te parece bien, a mí también.
Ramón: Claro Abuelín (apelativo cariñoso).
Ana: Al Marcelo lo tienes que llevar mañana a lo de un compañero, por lo de la feria que te conté.
Ramón: Bueno lo llevo a la tarde antes de ir al estudio.
Ana: Les quedan dos semanas para hacer el trabajo.
Ramón: Bueno lo llevo cuantas veces sea.
Ana: Gracias.
La idea de compartirte este breve historia de un no, es indagar un poquito sobre varias cosas que pensamos, decimos y hacemos a diario, de manera automática, sin analizar fundamentos ni medir consecuencias. Gran parte de las mismas, llevan asociados los SI, los SI condicionales, los NO, los NO condicionales. En la ejecutividad del día aparecen bastante mezclados en nuestras decisiones. El ejercicio de distinguir y discernir alguno de ellos, los más relevantes, me lleva en mi caso personal, a otros lugares de conciencia menos transitados, aquellos que me permiten alcanzar algún nivel más sustentable desde el punto de vista emocional y de realización personal.
La visión de ir por nuestros logros nos vincula un poco más con los SI, y nos cuesta detectar a qué decimos que no con esas afirmaciones. Sin embargo, amerita que alguna vez partamos de un NO, para saber luego de la negativa, que otras opciones quedan abiertas.
Ni que hablar, respecto de la dificultad, si pretendemos transparentar nuestros pensamientos, poner esos pensamientos en palabras y luego ejecutar las obras derivadas, para volver a pensar y retroalimentar nuestra energía.
Por este bocallave u ojito de cerradura, necesito mostrarte una habitación con varias posibilidades. Una de ellas es el NO, una palabra sencilla pero sumamente necesaria a la hora de ponernos en acción. El SI nos vincula bastante más con el compromiso, y el NO, nos permite mantener nuestra dignidad. En lo que a mi respecto ambas cuestiones son complementarias y no excluyentes.
Los semáforos verdes y rojos que guían el tránsito son un ejemplo fácil de entender. El primer filtro para nuestras decisiones afirmativas o negativas tiene que ver con nuestros valores, que son como el GPS para encontrar y mantener el rumbo. Los verdes están ahí, y los rojos en las antípodas, en los antivalores que son como la tormenta que queremos evitar.
Opino de manera concreta que decir y recibir un NO, no puede calificarse de malo, porque este adverbio de negación abre o cierra otras puertas.
Me dijeron que no, que ahora no se hace…..
Tuve que decir que no…..
Las preguntas vienen de cajón:
Cómo te estás vinculando con los NO?
Qué emociones te producen?
Los bajas a tierra?
Mientras trato de responder, caigo en la cuenta que hoy sábado único día de la semana que duermo la siesta, tengo que decir que NO a ese descanso. Quiero terminar algunos prácticos de mis actuales estudios, para poder disfrutar la siesta asegurada (creo) el próximo sábado.
Como me duele este no…..
No me queda otra….
Mi relativo éxito casi siempre estuvo ligado a mi constancia….
Y el tuyo?